Y vamos nosotros y nos creemos lo del cambio climatico ¿No? he aqui un buen post de “periodistadigital” un análisis sobre el recien ataque en Asia.
Hace algo más de un año le hablé, en un artículo titulado ¿Objetivo Birmania? acerca de la extraña mudanza de la capital de este país asiático, desde la tradicional Rangún -ciudad milenaria y puerto de mar- hacia la remota Pyinmana -ubicada en medio de la nada-, sin que la Junta Militar que controla el país desde el golpe militar de 1962 explicara muy bien las razones del extravagante traslado. Terminé aquel texto citando las dos explicaciones conspiranoicas que podrían justificar lo ocurrido. La segunda de ellas, decía textualmente: “el famoso maremoto que arrasó toda la región en diciembre de 2005 -y que de hecho anegó las islas Andaman- no fue una mera catástrofe natural sino el resultado de una prueba nuclear submarina y secreta destinado precisamente a estudiar el impacto de semejante arma en conflictos futuros con países costeros -Rangún es puerto- enemigos. ¿Alucinaciones? El tiempo dirá.”
Las fotografías vía satélite distribuidas estos días atrás en las que podemos apreciar cómo se recortaba la costa birmana antes del paso del presunto ciclón tropical Nargis y cómo quedó después son lo bastante aterradoras como para comprender de un solo vistazo el poder de las armas meteorológicas. Sí, de esas armas silenciosas o exóticas de las que disponen algunos países -muy pocos, y todos ellos aprendices de brujo- y cuyo empleo llevan varios años probando entre la ignorancia de los más y el silencio culpable de los pocos que algo saben utilizando para ello el amplio y variado “campo de pruebas” en el que se ha convertido el sur de Asia (véase como ejemplos más conocidos el maremoto citado, el susodicho ciclón y ¿también el último terremoto chino que acumula ya 8.000 muertos? Me gustaría saber si la frecuencia y violencia de los movimientos de tierra que se han producido en los últimos cuatro o cinco años -sobre todo en Irán- en esta zona resulta estadísticamente normal).
Se trata de armas desarrolladas al amparo de programas como el HAARP (la explicación de este programa secreto está en el Tomo I de Enciclopedia de las Conspiraciones Populares del Siglo XXI, editada por Adam I. Llum & Natti), cuya sola concepción resulta tan aberrante para una mente común que la mayoría de las personas no iniciadas en los misterios conspiranoicos a las que usted puede intentar explicarles en qué consiste seguramente le mirarán con sonrisa condescendiente antes de darle una palmada en la espalda y despedirse con la primera excusa que se les ocurra para “no perder más tiempo con este loco”. ¿Armas para controlar la meteorología? ¿A quién se le ocurre? Bueno…, sin remontarme a los experimentos con las nubes de Herr Reich y sus máquinas de orgón, observe por ejemplo lo que vienen haciendo los israelíes para atraer la lluvia a sus campos cuando hay sequía. En España, no hace mucho, la presidenta de la región de Madrid Esperanza Aguirre sugirió importar esa tecnología para solventar problemas de falta de agua (algún periódico se atrevió a publicarlo, pero inmediatamente se echó tierra sobre el asunto: esas tecnologías están reservadas: no disponibles para el primero que llega).
Seguramente me dirá usted que no tiene mucho que ver pero, ¿no resulta una interesante coartada todo el cuento del cambio climático para justificar la aparición y consecuencias de todos estos desastres naturales? Si yo tuviera un arma meteorológica y decidiera probarla, ¿no tendría ante la analfabeta opinión pública mundial mi perfecta explicación-lógica-de-los-hechos en el manido argumento de “es lógico que se produzcan este tipo de desastres por la acción destructora del hombre que provoca desequilibrios en la Naturaleza”? Curioso.
A propósito, ¿sabía usted que Nargis, el nombre del ciclón, significa Narciso en lengua urdu? Mmmmmh… El urdu es el idioma que se habla sobre todo en Pakistán y también en India, y un poco en Afganistán. Con la cantidad de soldados de otros países que hay por allí… Otros lugares del mundo que lo emplean, aunque en mucha menor medida, son Bahrein, Fidji, Omán, Qatar, Arabia Saudí… Pero no Birmania. Más curioso.
Y todavía más curioso: ¿alguna vez ha escuchado a alguno de los organismos internacionales de ayuda y solidaridad de la ONU negándose a prestar ayuda humanitaria a un país, con independencia del régimen que le gobernara? Pues con Birmania ha sucedido. El sábado pasado, el Programa Mundial de Alimentos acusó a la Junta Militar de Birmania de apropiarse de un cargamento de ayuda humanitaria y anunció a continuación la suspensión de los vuelos de ayuda (y eso que el propio PMA había sido uno de los primeros en alarmar al mundo entero apoyando los datos norteamericanos y de algunas multinacionales de las ONGs multiplicando el cálculo del número de muertos hasta los cien mil y el de evacuados hasta un mínimo de millón y medio).
En realidad, no es que los militares birmanos robaran la ayuda humanitaria para revenderla o quedársela personalmente, como venía a sugerir la queja, sino que el régimen de este país surasiático ha repetido de todas las formas posibles que acepta y agradece las ayudas de la solidaridad internacional pero no a los cooperantes que llegan con ellas. Dicen en el ministerio de Exteriores birmano: “no estamos preparados por el momento para recibir esta clase de misiones de información, búsqueda y rescate de otros países”. Lea entre líneas. Significa: “sabemos -cualquiera que tenga un mínimo conocimiento de cómo funcionan estas cosas lo sabe- que entre los cooperantes que nos van a enviar hay expertos reales y otros que son agentes encubiertos de determinadas potencias y, como no queremos que entren estos últimos, vetamos a todos, pues no estamos preparados para diferenciar a los que vienen de verdad a ayudar.” Los militares birmanos serán todo lo tercermundistas y totalitario-comunistas que usted quiera, pero no son tontos. Y no necesitan fingir en ningún foro internacional, ni tampoco ante ninguna opinión pública, pues mantienen esclavizado a su país.
Si no me cree, compruebe las indignadísimas e irritadísimas reacciones de gentes como David Miliband, el responsable de Exteriores del gobierno del Señor Marrón, quien acusaba a la Junta de “convertir el desastre del ciclón en una catástrofe humana de proporciones épicas” por obra y gracia de “la maligna negligencia del régimen birmano” y sus “estrambóticas decisiones”. Ahora en serio: ¿usted se cree de verdad que a Miliband le importa lo más mínimo uno solo de los birmanos en peligro? Se limita a interpretar su papel en el show. Por ello los militares asiáticos se empeñan en ser ellos mismos quienes recojan la ayuda y la repartan a su buen entender. Lo que por cierto sí está agravando la situación, pues no tienen personal suficiente ni especializado…, pero con eso ya contaban los que desataron la catástrofe sobre este infortunado país.
Porque, en el fondo, ¿de qué se trata todo esto? Usted ya lo sabe. Sobra gente en el mundo. Mucha gente. Digamos un mínimo de 2.000 millones de personas. No lo digo yo, sino ciertos asesores que están detrás de ciertos presuntos jefes de Estado o de Gobierno que en apariencia son los más poderosos del planeta y que en el fondo no son sino los más tristes títeres. Y esos asesores han decidido que hay que “limpiar” la Tierra, eliminar el sobrante. Se ha demostrado que con la guerra no es suficiente y se están poniendo en práctica otros métodos para el genocidio en mayor escala y mejor disimulada, como las armas meteorológicas (“este tipo de catástrofes es tremenda porque ya sabemos que la Naturaleza es cruel, etc.”).
Es como si uno posee una granja de conejos y para su negocio puede dar salida, digamos, a unas cien piezas cada tres meses, pero resulta que nuestros animales se multiplican mucho más rápidamente de lo previsto. No tenemos recursos para alimentarlos a todos, ni tampoco nos conviene saturar el mercado. Hay que deshacerse de una buena cantidad de ellos para mantener la explotación. Bueno, pues apliquemos métodos expeditivos como por ejemplo separar a los que nos sobran y meterlos en una piscina y ahogarlos a todos. Por decir algo.
En los próximos tiempos veremos cómo se multiplican los desastres “naturales” en todo el planeta. Así pretenden matar dos pájaros de un tiro: eliminar con rapidez la gente que, en su opinión, sobra y de paso seguir contándonos la historieta del (uuuuuh…, que viene el lobooooo…) cambio climático.
Esos despreciables asesinos…, convencidos de que son semidioses sólo porque saben matar más y mejor que como nunca antes se ha hecho en la historia de nuestra esclavizada especie…
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POSDATA: La FAO decía este lunes que la producción de arroz en 2008 puede alcanzar cifras récord en Asia, África e Iberoamérica (¿en qué quedamos? ¿no se supone que su precio subía espectacularmente por la carencia de este cereal?) aunque la previsión podría no cumplirse por los efectos en las cosechas birmanas (¿es una casualidad que uno de los principales productores del cereal más consumido de Asia sea Birmania y que la zona más afectada por el Nargis sea la arrocera?). Pero lo interesante es esto: “La producción mundial de arroz cáscara en todo el mundo podría aumentar en torno al 2,3 por ciento y alcanzar una nueva cifra récord de 666 millones de toneladas”. Precisamente.